El Camino de Maickel

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El Camino de Maickel

por Nelson Bustamante

 

“Si no están haciendo nada, pueden hacer algo. Pueden contagiar a la familia, a los amigos. Que sea una llegada con un “muñuño” de gente, para que sea una llegada humana.

No vamos a tener arco, no vamos a tener nada. Pero vamos a tener a un gentío, y que sea un llegada humana, para que sea mucho más bonito y mucho más fuerte lo que vamos a transmitir.

Quiero agradecerle a todos, es lo primero que tengo que hacer, honrarlos a todos, homenajearlos a todos (en este momento se le quebró la voz), aquí hay gente que ha trabajado para esto todo el año.

Créanme que voy a estar pendiente de cada uno de ustedes en todo momento. Primero, chequeen su seguridad mañana. Dos, voy a estar pendiente, porque su corazón es importante para mí, ustedes son importantes para mí.

Porque ustedes representan a montones de jóvenes y montones de niños que esperan con esto hacer algo valioso de su vida. Hay gente que tiene hijos acá, otros los van a tener y esto es por sus hijos. Esto es por sus hijos… (de nuevo se le quebró la voz), esto es por sus hijos…”

 

Maickel Melamed. 12/10/2013.

El día antes del maratón de Chicago.

 

 

La experiencia de estar al lado de Maickel Melamed en el Maratón de Chicago fue única, mística, profunda, enriquecedora en todos los sentidos. Faltan palabras para describir la entrega de ese ser humano.

El día antes al Maratón hubo una reunión de producción y logística para explicar a todos lo que cada uno estaría haciendo. El primero en hablar fue el propio Maickel.

Entre otras cosas dijo que, aunque para nosotros aparentemente él estaba caminando, en realidad iba a su máxima velocidad, y que cada paso era un gran esfuerzo.

¡Increíble pensar que cada paso, durante 16 horas y 47 minutos, era un gran esfuerzo!

Durante el maratón todos los que estuvimos ayudando nos convertimos en uno sólo.

Puedo describirlo como una experiencia mística, donde Maickel era el núcleo y el resto de nosotros, una parte esencial de su maratón, una extensión de su cuerpo y de sus sueños, de su necesidad por dar un mensaje.

Y allí estuvimos.

Durante 16 horas y 47 minutos a su lado, cada uno con su misión. Unos más cerca (Perla, Oscar y Fuco), motivándolo; otros, en la Van con la hidratación y comida: otros limpiando el camino por donde pasaría Maickel; algunos, ayudando a dirigir el tránsito; otros, grabando todo el recorrido. Pero todos a un mismo ritmo, al ritmo de Maickel.

Era como una meditación en grupo. Hubo momentos en que cada paso que Maickel daba yo sufría con él.

Recuerdo que cerca de las 11 de la noche se acercó una patrulla de la policía de Chicago a decirnos que un poco más adelante, cerca del km. 40, había un grupo de personas esperando al último corredor. Y se acercaron a ver de quién hablaban. El oficial quedó impactado cuando vio a Maickel en su lucha, en su esfuerzo. Para ese momento tenía más de 15 horas de maratón.

Yo estaba ayudando a desviar el tráfico (Maickel iba por la calle). El policía nos dijo que nuestras luces de color rojo ya estaban casi sin batería y que él se haría cargo de ahí en adelante: “I´ll take care of that”.

Para nuestra sorpresa aparecieron 5 patrullas de policía que se encargaron de escoltar a “el último corredor” hasta la meta.

 

En el km. 40 se nos unieron más de 200 personas (en su mayoría venezolanos) para acompañar, aplaudir y motivar a Maickel en su trayecto final.

Y, así, cada vez fuimos más… y todos fuimos uno con Maickel.

Durante 16 horas y 47 minutos todos fuímos uno, todos fuímos Maickel.

La llegada fue cerca de las 2 de la mañana, después de 16 horas y 47 minutos. A mí me dolía todo, absolutamente todo. No quiero ni pensar en los dolores que podía sentir Maickel.

Al día siguiente del maratón me senté un rato a conversar con él. Me dijo que lo más complicado habían sido las aceras. Todas las aceras de Chicago tienen la rampa para sillas de ruedas. Sin embargo, y más allá de las rampas en las aceras, Maickel me comentó que cada acera era como una muralla China para él. Que por momentos se dejó llevar por la víctima que llevamos dentro y comenzó a culpar a las aceras por su dolor y posible desconcentración. Sin embargo vio a esa parte de él convertida en víctima de su propias limitaciones y se dijo a sí mismo que el objetivo era cumplir el maratón completo y que ninguna acera iba a impedirlo. Que si su próximo maratón iba a tener aceras, entonces su próximo entrenamiento sería con aceras.

En su libro “Si lo sueñas, haz que pase” Maickel nos habla de las limitaciones físicas y de su lucha para superarlas.

Una cosa es leerlo y otra  es vivirlo a su lado.

Maickel me enseñó mucho ese día.

Tengo una visión diferente de su mundo y de su lucha. Del mensaje con el que se siente comprometido difundir.

16 horas y 47 minutos que cambiaron mi vida.

Para muchos, este tipo de experiencias místicas y reveladoras las han vivido en el Camino de Santiago. Para mí fue en “El camino de Maickel”.

 

¡Gracias querido… que tus pasos sean los míos!

 

 

 

  • by admin
  • posted at 5:04 pm
  • October 17, 2013

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