Se siente vacío ante unos estantes vacíos…

Estantes vacíos

 

Y así está.

Se siente vacío ante unos estantes vacíos y una dependiente que le dice que no hay.

No hay carne, no hay pollo.

 

Según la nueva tarjeta de racionamiento, la leche para la niña, el señor ya se llevó lo que el régimen le asignó por este mes.

 

Quiere pedir papel higiénico para limpiarse la indignación, pero ya le escuchó decir a la misma dependiente que de eso “no hay”.

 

¿No hay dignidad o no hay papel higiénico?, pensó.

 

¿Qué tiene?, pregunta.

 

Según tu tarjeta de racionamiento te tocan dos latas de sardina y medio kilo de pollo. Pero pollo “no hay”.

 

Me da las dos latas de sardina, por favor. ¿Segura que no hay leche?. La necesito para mi hija de dos años.

 

Leche si hay, pero ya no te toca. ¿ves esta marca aquí en la libretica?, dice que ya compraste tu ración de leche del mes.

 

¿La ración del mes?, piensa. ¿Qué carajo significa “la ración del mes”?. ¿Cómo le explico a mi hija que ya se tomó su “ración del mes”?.

 

Respira profundo, se ve reflejado en el vacío de las estanterías y en el vacío de una libreta de racionamiento que le da derecho a lo que él ya tenía derecho.

Comida.

Para eso ha trabajado durante gran parte de su vida. Para comprarle comida los suyos, para mantenerlos.

Para eso ha apoyado a este régimen desde hace más de 15 años.

Para un cambio.

Para terminar con la corrupción. Para “freirlos en aceite”.

Se siente vacío, con bolsas vacías que ha de llevar a una nevera vacía.

El tetero vacío de su sexta hija le recordará de nuevo lo vacío de una revolución que se olvidó de lo básico, de lo esencial.

Se olvidó del ser humano.

 

Mira a la dependiente una vez más y le da arrechera haberse equivocado con esta gran mentira. Haber perdido tanto tiempo esperando a que los demás le resolvieran sus problemas.

Cuando todo esto comenzó todavía era un hombre relativamente jóven. Ahora, a sus 65 años y frente a su tarjeta de racionamiento se pregunta ¿cómo carajo llegamos a esto?. 

 

Le han hablado de Cuba y de su progreso. Le inocularon el mar de la felicidad. Llegó a sentirse identificado con términos que nunca antes había utilizado. Ahora hablaba de imperialistas, de escuálidos, ahora hablada de chukis.

Sin embargo, hoy está cansado de tanta ideología y necesita más realidad.

Necesita leche para su hija.

 

Mira la tarjeta, se la da a la dependiente y le dice: Mija, yo sé que tu no  tienes la culpa, pero ¿sabes qué?. Que se vaya todo pal carajo. Tu abasto, tus estanterías vacías, ésta tarjeta de racionamiento y éste régimen de mierda.

 

Y así está.

Se siente vacío ante unos estantes vacíos…

 

  • by admin
  • posted at 11:53 pm
  • March 19, 2014

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